EL RELOJ – Bambino

Una de mis canciones preferidas de Bambino, si no la que más, es “El reloj”. Un tema original de P. González y Manuel Sánchez Pernía, que abría el disco “Yo soy yo, Bambino” publicado por el sello Columbia en el año 1982. Las guitarras están grabadas por Enrique del Melchor y Paco del Gastor y de la producción artística se encargó uno de los autores, Sánchez Pernía. En la interpretación de esta canción Bambino, en mi opinión, consigue algunos de los momentos melódicos más inspirados de su carrera, tanto es así que cada vez que la escucho, y han sido muchas las veces, me pone los pelos de punta. Grande Bambino que, cuando se va a cumplir dentro de unos días el 13 aniversario de su muerte, sigue vivo con canciones como esta.

5 CANCIONES & 5 VERSIONES

Escuchar distintas versiones de una misma canción pienso que es enriquecedor para los que gustan de la música. Es el ejercicio propuesto en este podcast. Se trata de 5 canciones interpretadas por sus autores o reconocidos intérpretes de las mismas enfrentadas con 5 versiones que me gustan. Da la casualidad que todos los versionadores están encuadrados entre los músicos del flamenco y la rumba siendo, todos ellos, cantantes de acusada personalidad y estilo definido. Pero lo mejor en este juego de las versiones es dejarse de literatura y pasar a la escucha.

Las canciones que suenan y sus intérpretes, por orden de aparición, son:

1. Un ramito de violetas – Cecilia & Manzanita
2. Canción de amor n° 2 – Amancio Parada & Marina Jiménez
3. Voy – Javier Solís & Bambino
4. Vete de mi – Bola de Nieve & El Cigala y Bebo Valdés
5. Puro teatro – La Lupe & Falete

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LA ORILLA BLANCA, LA ORILLA NEGRA · Iva Zanicchi

Para empezar el año, “La orilla blanca, la orilla negra”, un canción que, después de transcurridos cuarenta años desde su composición, sigue siendo de máxima actualidad. Corría 1971 cuando Iva Zanicchi la convirtió en un éxito en Italia y en muchos más países, entre los que se contaba España. Es un canto pacifista que sigue manteniendo su validez con el paso del tiempo porque parece ser que la guerra -como dice Silvio Rodríguez en su “Canción del elegido”– es la paz del futuro. La historia de la humanidad es la historia de las guerras que, tanto en el pasado como en el presente, en uno y otro lado del planeta, se siguen produciendo y, por lo que podemos vislumbrar, así seguirá siendo en el futuro.  Ojalá que algún día esto pueda cambiar, pero me temo, puesto que la guerra es un gran negocio, que por el momento no va a ser así, aunque canciones como esta pueden ayudar a que la humanidad vaya tomando conciencia de este sinsentido. El autor de la letra es Alberto Testa que, durante tres décadas, las de los años cincuenta, sesenta y setenta, compuso las letras de muchos grandes éxitos italianos. La música es obra de Eros Sciorilli, pianista, compositor, director de orquesta y músico de jazz que, a lo largo de sus cincuenta años de actividad, compuso algunas de las canciones más bellas, como la que nos ocupa hoy, de la música ligera italiana. Iva Zanicchi es una de las grandes voces  de Italia que desde el comienzo de la década de los sesenta está en activo. Su época de mayor esplendor fueron los años setenta, en donde se sitúa esta canción y donde mayor relieve internacional consiguió. El vídeo que enlazamos es de esa época, de finales de los setenta, y está cantado en español. Se encuentra alojado en el canal “antonseijoviolinista”.

LA ORILLA BLANCA, LA ORILLA NEGRA

Alberto Testa – Eros Sciorilli

He de hacer un alto, mi capitán,
si que estoy cansado, no puedo más.
Alerta, cúbrase, al terraplén.
Alerta estoy más cúbrete tú también.
Dí, soldado, de donde eres tú.
Del país vecino que hay más al sur.
Y por el río pasa la frontera,
la orilla blanca, la orilla negra,
y sobre el puente veo una bandera,
más no es la misma que está en mi corazón.

De los míos, creo, no debe ser,
por mi uniforme lo puede ver.
No sé si mis ojos ya están sin luz
me han herido y tal vez fuiste tú.
Triste es el destino, mi capitán.
Mientras hayan guerras no cambiara.
En la colina silva la metralla,
la hierba verde está quemada,
y por el rio sigue la batalla,
nosotros dos ya llegamos al final.

Tengo que marcharme, mi capitán.
porque contigo no me querrás dejar.
No te abandonaré, lo sabes ya,
y vamos juntos a la eternidad.

Voy a pasarlo en paz en la frontera,
la orilla blanca, la orilla negra,
pero el que llora y se desespera
gritando un nombre que no responde

He he hace un alto, mi capitán,
si que estoy cansado, no puedo más.

AQUELLAS PEQUEÑAS COSAS · Joan Manuel Serrat

En el año 1971 publicó Joan Manuel Serrat “Mediterráneo”, el L.P. que le consagró definitivamente.  Entre las diez canciones que figuraban en ese disco, a  cual mejor, en segundo lugar se encontraba esta pequeña joya, “Aquellas pequeñas cosas”, un tema breve, de menos de dos minutos, delicado, intimista, que tras cada escucha se va haciendo un hueco cada vez más grande en mi memoria musical. Habla de esos pequeños recuerdos, de esos momentos vividos y casi olvidados, de esas cosas insignificantes que parecen no tener importancia pero que, en definitiva, son el sustrato de nuestra memoria y el resumen de nuestra vida. Es una de las canciones más versionadas del cantante catalán por intérpretes de diferentes nacionalidades y estilos musicales y también, de entre todas las suyas, una de mis preferidas. El vídeo enlazado corresponde a un concierto del año 1974 subido por el canal “ifarac”.

AQUELLAS PEQUEÑAS COSAS

Joan Manuel Serrat

Uno se cree
que las mató
el tiempo y la ausencia.
Pero su tren
vendió boleto
de ida y vuelta.
Son aquellas pequeñas cosas,
que nos dejó un tiempo de rosas
en un rincón,
en un papel
o en un cajón.

Como un ladrón
te acechan detrás
de la puerta.
Te tienen tan
a su merced
como hojas muertas
que el viento arrastra allá o aquí,
que te sonríen tristes y
nos hacen que
lloremos cuando
nadie nos ve.

LAS CIUDADES · Chavela Vargas

José Alfredo Jiménez es, en mi opinión, el compositor mexicano más importante del pasado siglo. Entre su extenso repertorio de más de trescientas canciones hay un número muy considerable de grandes temas y, por ello, en sucesivas entradas irá apareciendo en este cancionero, bien interpretando sus propias composiciones, o en versiones de los muchos interpretes, de todas las épocas y estilos, que las han cantado. Hoy le toca el turno a una de las más grandes y longevas intérpretes de canción ranchera, Chavela Vargas, amiga y compañera de correrías de José Alfredo y el grupo de artistas que, en Distrito Federal, en aquellos locos años sesenta, vivieron y se lo bebieron todo. La canción es una de mis preferidas, “Las Ciudades”, entre las muchas que me gustan del gran José Alfredo.

No voy a entrar aquí en contar la vida de José Alfredo Jiménez, ni la de Chavela Vargas, a los interesados en saber algo más de ellos les sugiero que piquen en los enlaces situados en ambos nombres. El de Chavela es más que recomendable porque es completísimo, con su biografía, entrevistas y varios artículos relacionados con ella. Pero si quiero contar un sucedido que explica Chavela en su libro de memorias “Y si quieres saber de mi pasado”, publicado por la Editorial Aguilar, que tiene relación con esta canción y con su vuelta a España en el año 1993.

La historia comienza a principios de la década de los noventa. Después de varios años de lucha para salir del infierno del alcohol, y casi olvidada por el público, comienza lo que ella denomina su segunda vida. Fue contratada para actuar cada viernes en un restaurante llamado “El Hábito”, en Distrito Federal. Al principio su vuelta fue acogida con calor, pero al cabo de un año la cosa se fue enfriando. En esas actuaciones, cuenta Chavela, solía estar presente un español, un librero, lo llama, “que venía viernes sí y viernes también e insistía en que cantara ‘Las ciudades’. Semana tras semana”, pero si no la cantaba era porque “los guitarristas que me acompañaban no la tenían preparada”. Llegó un momento en que el público se enfrió del todo y en ese ambiente empezó a sentirse a disgusto y pensó que había llegado el momento de poner fin a su carrera. Un día, a finales del año 1992, cuando la decisión ya estaba tomada, llegó ese hombre y le propuso volver a España. En 1993  lo que parecía un sueño se convertía en una realidad y Chavela Vargas comenzaba su segunda vida. Pero cedamos de nuevo la palabra a Chavela para que reivindique el nombre de ese hombre que cada viernes, en “El Hábito”, le pedía que cantara “Las Ciudades” de José Alfredo Jiménez. “Aquel hombre se llamaba, y se llama, Manuel Arroyo. A veces la prensa y el público son injustos, y suponen que fue Pedro Almodóvar el que me llevó a España y el que me abrió las puertas de nuevo en Europa. No es verdad: el nombre que debe aparecer es el de Manuel Arroyo, y solo él sabe contra que ha tenido que luchar para que yo volviera a ser lo que soy en España”.  De esta forma, con más de 70 años de edad, gracias al hombre que le pedía una y otra vez que cantara está canción, Chavela Vargas renació de sus cenizas y, con un estilo más íntimo, triunfó de nuevo en España y en México. Vídeo enlazado por “mijaelcg”.

LAS CIUDADES

José Alfredo Jiménez

Te vi llegar y sentí la presencia de un ser desconocido,
te vi llegar y sentí lo que nunca jamás había sentido,
te quise amar y tu amor no era fuego, no era lumbre,
las distancias apartan las ciudades,
las ciudades destruyen las costumbres.

Te dije adiós y pediste que nunca, que nunca te olvidara,
te dije adiós y sentí de tu amor otra vez la fuerza extraña,
y mi alma completa se me llenó de hielo
y mi cuerpo entero se me llenó de frío,
y estuve a punto de cambiar tu mundo,
de cambiar tu mundo por el mundo mío.

Te dije adiós, y pediste, que nunca, que nunca te olvidara,
te dije adiós, y sentí, de tu amor otra vez, la fuerza extraña,
y mi alma completa se me llenó de hielo,
y mi cuerpo entero se me llenó de frió,
y estuve a punto de cambiar tu mundo,
de cambiar tu mundo por el mundo mío.

ME QUEDO CONTIGO · Los Chunguitos

Esta canción, sin duda alguna, es mi preferida de todas cuantas han compuesto y cantado “Los Chunguitos”. La escuché por primera vez en la película “Deprisa, Deprisa”, que dirigió Carlos Saura en 1981 y, desde entonces, ha figurado siempre entre mis favoritas. Formaba parte del disco aparecido un año antes, en 1980, con el título de  “Pa ti, pa tu primo”, que era el cuarto que publicaba el trío de hermanos madrileño, del Barrio de Vallecas, aunque oriundos de Extremadura, de donde provenía su familia, emparentada con el cantaor “Porrina de Badajoz”, y que significó su consolidación definitiva. En aquella época de eclosión de la rumba, donde “Los Chichos”, que habían empezado unos años antes su carrera, habían conseguido imponer un estilo que había triunfado rotundamente, “Los Chunguitos” no se quedaron a la zaga y son los dos grupos más representativos del renacimiento de ese estilo, la rumba, que se había quedado anquilosado en clichés demasiado banales. Parte importante de este cambio fueron las letras, pues hablaban de temas que hasta entonces, quizás por el control de la censura franquista, no se habían tocado. La realidad social que se trasmite en ellas caló hondo en una sociedad que empezaba a vivir de una manera distinta y, por lo tanto, necesitaba mensajes acordes con la nueva situación que se estaba creando. Ese papel ha jugado siempre la música popular, ser el espejo de lo que ocurre en la sociedad. Pero “Me quedo contigo” no es una rumba, es una canción de amor, una maravillosa canción de amor. Su creador fue Enrique Salazar, el alma del grupo, el compositor y cantante solista, poseedor de una voz, como las voces que te conmueven, que te llega y te toca en lo más hondo. La desgracia quiso que, un año después, en 1982, a causa de una enfermedad hepática, muriera. Fue sin duda un duro golpe para el grupo que, en ese momento, estaba lanzado, pero José y Juan lo encajaron y, al cabo de un tiempo, lo sustituyeron por su primo Manuel y volvieron a los escenarios. Y así hasta el día de hoy… Pero esta entrada no pretende contar la historia de “Los Chunguitos” sino presentar la canción que más me gusta de su repertorio, “Me quedo contigo”. El vídeo enlazado, calculo que del año 1981, pertenece al canal “bloodydoisneau”.

ME QUEDO CONTIGO

Enrique Salazar

Si me das a elegir
entre tú y la riqueza,
con esa grandeza
que lleva consigo, ay amor…
Me quedo contigo.

Si me das a elegir
entre tú y la gloria,
pa’ que hable la historia de mí
por los siglos, ay amor…
Me quedo contigo.

Pues me he enamorado
y te quiero y te quiero
y sólo deseo
estar a tu lado,
soñar con tus ojos,
besarte los labios,
sentirme en tus brazos
que soy muy feliz.

Si me das a elegir
entre tú y ese cielo
donde libre es el vuelo
para ir a otros nidos, ay amor…
Me quedo contigo.

Si me das a elegir
entre tú y mis ideas
que yo sin ellas
soy un hombre perdido, ay amor…
Me quedo contigo.

Pues me he enamorado
y te quiero y te quiero
y sólo deseo
estar a tu lado,
soñar con tus ojos,
besarte los labios,
sentirme en tus brazos
que soy muy feliz.

LA BIEN PAGÁ · Miguel de Molina

Esta es una de las coplas imprescindibles de Miguel de Molina, estandarte de su repertorio. La versión que aquí presentamos es de la película “Esta es mi vida”,  rodada en Argentina en el año 1952  y dirigida por Ramón Vinoly Barreto. Los creadores de esta canción fueron el murciano Ramón Perelló, compositor de la letra, y el sevillano Juan Mostazo, de la música. Escrita durante la Segunda República, según cuenta uno de sus autores, Perelló, en su estreno -y hasta que en 1938 la incluyó Miguel de Molina en su repertorio- fue un auténtico fracaso. Fue una canción republicana, como declaró otro gran letrista de la copla, Rafael de León, al referirse a ella: “Por una orilla del rio de la guerra iba Concha Piquer cantando los Ojos Verdes, y por el otro iba Miguel de Molina cantando La Bien Pagá. Quizás por eso, y porque su mensaje no encajaba con la moral impuesta por los vencedores, fue una canción maldita durante la dictadura. Tanto es así que, tras finalizar la contienda, su autor pasó muchos años en la cárcel, por republicano, y su intérprete vivió exiliado en Argentina hasta su muerte. Su reivindicación se produjo con la llegada de la democracia y, desde entonces, muchas han sido las versiones que se han grabado de esta pieza por intérpretes de los más variados estilos musicales. Era una forma de corregir una idea que  tachaba a todo un género musical de franquista por la utilización que el régimen hizo del mismo. Las canciones, mande quién mande, son del pueblo que las canta y “La Bien Pagá”, al cabo de los años, ocupa el lugar destacado que se merece en el repertorio coplero. Vídeo subido por el canal “xoxemi”.

LA BIEN PAGÁ

Perelló – Mostazo

Na te debo,
na te pio,
me voy de tu vera
olviame ya,
te he pagao con oro
tus carnes morena,
no maldigas paya
que estamos en paz.

No te quiero,
no me quieras,
si to me lo diste
yo na te pedí,
no me eches en cara
que to lo perdiste,
también a tu vera
yo to lo perdí.

Bien pagá,
si tu eres la bien pagá
porque tus besos compré,
y a mí te supiste dar
por un puñao de parné,
bien pagá, bien pagá,
bien pagá fuistes mujer

No te engaño,
quiero a otra,
no creas por eso
que te traicioné,
no cayó en mis brazos
me dió solo un beso,
el único beso
que yo no pagué.

Na te pio,
na me llevo,
entre estas paredes
dejo sepultas,
penas y alegrías
que te he dao y me diste,
y estas joyas que ahora
pa otro lucirás.

Bien pagá,
si tu eres la bien pagá
porque tus besos compré,
y a mí te supiste dar
por un puñao de parné,
bien pagá, bien pagá
bien pagá fuistes mujer.